jueves, 2 de agosto de 2007

Catástrofes naturales



Me gustaría reflexionar en esta ocasión acerca de un problema que tiene difícil solución: Las catástrofes naturales deliberadas.
Es un hecho comprensible el que haya un sector de la población que no solo no comparte mi pasión por la naturaleza, sino que esta le resulta indiferente. Yo lo considero un error conceptual y filosófico, ya que la naturaleza es nuestra madre y sobre ella se asienta absolutamente todo lo que vemos, oímos, sentimos, olemos o saboreamos. Si finalmente nos la cargamos se acabará todo el mundo “mega fantástico tope guay” que nos hemos montado. No obstante no es esta indiferencia sobre lo que quiero hablar hoy sino de aquellos que no tienen problema en provocar deliberadamente catástrofes por motivos habitualmente económicos aunque también se dan casos de enfermos, negligentes o gente que realmente desconoce el daño que está causando. Estos son individuos especialmente dañinos y que con sus actuaciones hacen mucho más en contra del medio ambiente que miles de nosotros conduciendo, poniendo el aire acondicionado a tope o dejando correr el agua sin control. Me refiero concretamente por ejemplo a los patrones de los barcos que han aprovechado el desastre del “Don Pedro” para limpiar sus depósitos de combustible vertiendo los residuos al mar con el objetivo de que se confundan con los del pecio hundido (hay 2 casos documentados, aunque desconozco si han sido sancionados), a los pirómanos que provocan graves incendios forestales, o a los empresarios que no dudan en contaminar severamente su entorno por la razón de que les es más rentable pagar la sanción que se derive (si se da el caso) que poner los medios necesarios para evitar esta contaminación.

Si pudiéramos cuantificar el daño que causa cada una de estas acciones u omisiones nos daríamos cuenta de que es una aberración intentar justificar la causa que lo ha provocado.

¿Cuanto cuesta limpiar unos tanques en el astillero? ¿Y que daño provocan estos mismos hidrocarburos en el mar?


Más sangrante todavía al respecto del pirómano de Gran Canaria. ¿Qué ha ganado él prendiendo fuego al monte? ¿Y que hemos perdido todos? 25.000 hectáreas de monte que tardarán décadas en recuperarse si es que se salvan de la especulación urbanística.

Soy de la opinión de que hay que perseguir mucho más estos delitos y endurecer las leyes al respecto. No puedo entender que el año pasado detuvieran en Galicia a 194 personas en relación con la oleada de incendios y solamente una de ellas este actualmente en prisión.

1 comentario:

Juan Carlos dijo...

Buenas :

Un tema serio y muy importante.
Desde hace unos años le doy gran importancia, lo cual de más joven no hacia. Creo que cada vez está mas cerca el fin de la naturaleza, y que vamos a pasos agigantados a conseguirlo cuanto antes.

El " progreso ", del ser humano, hace que la naturaleza vaya en sentido contrario. Hasta que llegará el día cada vez más cercano, que se enfadará y se nos comera.

Relativo a las acciones deliberadas del hombre, en el maltrato intencionado de la naturaleza. Pues son degenerados mentales, que no piensan en sus próximas generaciones.
Aunque, . . . , que podemos esperar de una persona, ¿ que le puede dar igual hasta su propia vida ? Sin ningún tipo de aliciente , ni motivación.

Casi todas las catastrofes deliberadas, su fin inmediato es el tema ecónomico. También pueden aparecer motivaciones de venganza u odio. O sea que en mi opinión, gente que el dinero por todo, o con graves transtornos mentales.

Relativo a las penas o sanciones: me imagino que juridicamente, será muy dificil, llevarlo a la practica. Siempre estan los recursos, demostraciones, presunciones y mil historias, a favor de quien incumple la ley, y más si tiene un buen entorno económico o politico.
Es muy fácil y comodo hablar de los derechos del acusado, y a la vez hechar muchas veces la culpa a papa " Estado " .

Soy muy negativo en este tema, y la naturaleza es excelentemente buena con su asesino el hombre. Pero el dia que se cabree de verdad, desaparecemos todos del mapa.

Y creo, nada más.
Un cordial saludo.